«Permanece en obediencia y no tendrás temor a equivocarte.»
— Jenny Elizabeth Furcal de Padilla
Hay frases que parecen sencillas hasta que la vida nos obliga a descubrir la profundidad que llevan dentro. Esta es una de ellas.
Permanecer en obediencia no significa que jamás tendremos que tomar decisiones difíciles, ni que siempre conoceremos de antemano todo el camino. Significa que, aun cuando no podamos ver el mañana, podemos caminar en paz porque hemos decidido no apartarnos de Dios.
La obediencia no elimina todas las preguntas; elimina la necesidad de tener todas las respuestas antes de avanzar.
Abraham salió sin saber exactamente adónde iba. Noé construyó antes de ver la lluvia. Pedro descendió de la barca antes de saber cómo terminaría aquella caminata sobre el agua. Pablo emprendió caminos que después el Espíritu Santo modificó. Ninguno poseía el mapa completo; poseían algo más importante: una palabra de Dios que obedecer.
Por eso la Escritura enseña:
«Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.»
— Proverbios 3:5–6
Aquí está la profundidad de la frase de Jenny: el secreto no consiste en desarrollar una capacidad humana para nunca equivocarnos, sino en desarrollar una relación con Dios en la cual nuestra mayor preocupación sea permanecer obedientes.
Porque existe una diferencia enorme entre equivocarse buscando obedecer a Dios y desobedecer conscientemente sabiendo lo que Dios ya mostró.
El obediente puede no comprenderlo todo.
Puede detenerse.
Puede tener que corregir una decisión.
Puede descubrir que Dios le está cerrando una puerta.
Puede incluso experimentar momentos de incertidumbre.
Pero no necesita vivir esclavizado por el miedo.
¿Por qué?
Porque Dios puede redirigir a una persona obediente.
En Hechos 16, Pablo intentó entrar en determinados territorios y el Espíritu Santo se lo impidió. Después recibió la visión del varón macedonio. Pablo estaba avanzando, pero Dios fue ajustando su dirección. El hecho de necesitar redirección no significó que Pablo estuviera abandonado por Dios; significó precisamente que Dios estaba gobernando sus pasos.
Ese principio cambia completamente nuestra manera de decidir.
La obediencia convierte la dirección de Dios en un proceso, no solamente en un momento.
Tal vez hoy no conozcas el capítulo diez. Dios puede estar pidiéndote solamente obediencia en el capítulo uno.
El problema surge cuando queremos que Dios nos explique todo el itinerario antes de obedecer el primer paso.
Pero la lámpara de la Palabra funciona de otra manera:
«Lámpara es a mis pies tu palabra,
Y lumbrera a mi camino.»
— Salmo 119:105
Una lámpara en los pies no necesariamente ilumina diez kilómetros. Ilumina lo suficiente para dar el próximo paso.
Y después otro.
Y otro.
Hasta descubrir que la fidelidad cotidiana terminó construyendo un camino que al principio no podíamos contemplar.
Entonces, ¿qué significa “no tendrás temor a equivocarte”?
No significa: «Todo lo que decidas será automáticamente correcto».
Significa algo más profundo:
Si permaneces sometido a Dios, examinando tu corazón por la Escritura, dispuesto a escuchar, dispuesto a esperar y también dispuesto a ser corregido, no tienes que vivir paralizado por el miedo de destruir el propósito de Dios por una decisión imperfecta.
El Dios que dirigió a Abraham, corrigió a David, redirigió a Pablo, restauró a Pedro y habló a Ananías sigue siendo capaz de conducir a una persona cuyo corazón permanece rendido delante de Él.
Por eso la pregunta más importante antes de una decisión no siempre es:
«¿Y si me equivoco?»
Puede ser:
«Señor, ¿estoy dispuesto a obedecerte aunque tu respuesta contradiga lo que yo quiero?»
Ahí comienza el verdadero discernimiento.
Porque cuando nuestra prioridad deja de ser proteger nuestros planes y pasa a ser obedecer la voluntad de Dios, el temor comienza a perder su dominio.
Una expansión de la frase
«Permanece en obediencia y no tendrás temor a equivocarte; porque cuando tu corazón pertenece a Dios, no necesitas conocer todo el camino para caminar. Él puede abrirte una puerta, cerrarte otra, detenerte, corregirte y redirigirte. Tu seguridad no está en que nunca cometerás un error, sino en que mientras permanezcas humilde, sensible a su Palabra y dispuesto a obedecer, nunca estarás fuera del alcance de su dirección. La obediencia no te concede omnisciencia; te mantiene cerca de Aquel que sí conoce el principio y el final.»
Y quizá esa sea la parte más hermosa de la frase de Jenny Elizabeth Furcal de Padilla:
El obediente no descansa en la perfección de sus decisiones; descansa en la perfección del Dios a quien ha decidido obedecer.
No necesito conocer todo mañana.
Necesito obedecer a Dios hoy.
Y cuando llegue mañana, el mismo Dios que me dio luz para hoy estará allí para mostrarme el siguiente paso.

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